Comenzaré por la autocrítica. Los fallos más graves que me he encontrado han sido el auténtico pánico a hacerlo mal y la falta de formación. Ambos, poco a poco, los he ido superando pero aún anoto aspectos en los que necesito mayor esfuerzo. Por otro lado, pero de eso no tiene nadie la culpa, no tengo voz de radio. Anotaría cantidad de errores en los trabajos ya realizados. De hecho, llevar ese seguimiento de los fallos y de cómo mejorarlos, escucharme de forma regular, debería haber sido uno de mis objetivos. Pero es que uno de mis problemas radica en que a veces me cuesta escuchar mis propios errores. De hecho durante el desarrollo de la entrevista sé que han surgido y me mata no poder corregirme. Además, si hubiera tenido alguna idea concreta de lo que iba a hacer podría haberme marcado objetivos concretos, pero eso lo he tenido que ir haciendo sobre la marcha y conforme cambiaban las formas de hacer.
Continúo con otras faltas generales en las cuales yo también me incluyo como criticada. No se hacían reuniones de redacción. La consecuencia de esto es que no supiera exactamente qué temas iban a tratar los demás ni qué líneas seguían para elegirlos. Gracias a esto tampoco se solucionaban los problemas concretos que surgían en la redacción a partir de la crisis que la propia empresa sufre todavía. De ahí que, sobre todo tras el despido de la primera presentadora de Protagonistas, se originara tensión en el ambiente. A iniciativa personal trataba de hacer un sustituto de estas reuniones. En lugar de hacer simplemente lo que me apeteciera, apuntaba los temas que se me ocurrían en una lista y, antes de comenzar a trabajarlos, los comentaba con el presentador.
En ningún momento tuvimos una sesión de evaluación sobre nuestro trabajo como becarias. A veces sí, pero no con regularidad, se nos corregía o se nos aconsejaba algo. Por supuesto que respondían a cada duda que tuviéramos.
Valoración de la actualidad. No valorábamos la entrada de noticias según su importancia o utilidad, no se jerarquizaba. Es más, aún no tengo claros los criterios que utilizaban mis compañeros ni si seguían una línea editorial.
Tampoco se realizaba ninguna clase de búsqueda callejera, una generación de la noticia a partir de la cercanía con la realidad. Proponer esto también parecía bastante utópico ya que nos hubiera llevado mucho tiempo y, sin hacerla, ya era difícil llenar la hora y media.
No existía ningún archivo documental y no considero como tal una pila de periódicos. No había ni un triste diccionario. La documentación y la contextualización se realizaban a iniciativa del personal y la vía era la conexión con Internet.
No me quedó claro que se realizara un periodismo completo y en profundidad. También parece imposible intentar llevarlo al día, pero podría (y debería) existir una excepción ¡quizás! un día a la semana con un reportaje más trabajado.
No había un formato definido de programa, al menos del magazín. Los géneros que se trataban eran los mínimos: a veces sólo la entrevista.
Choques ideológicos. No ha habido graves. Igual que las formas de hacer, la valentía para contar las cosas cambió de compañero a compañero. Quizás sólo puedo anotar pequeñas notas. Una es algo de lo que ya iba avisada: si hay que buscar declaraciones de algún comercio, debíamos dar preferencia a los que contrata publicidad en la emisora. En otra ocasión, hablando de introducir algo sobre el tema de las personas sin hogar, se rechazó con el siguiente argumento: “eso es muy triste”. Si rascamos un poco más podemos concluir que Protagonistas es un magazín que trata de ser amable y que normalmente es poco crítico.
Falta de formación. Esta no es una crítica hacia las prácticas, sino hacia la preparación que recibimos en clase para afrontarlas y hacia mí misma por no haberme preparado de forma autodidacta.
Ejemplo. Me lo habían anunciado pero no me permitieron evitarlo: en las prácticas me ha faltado formación técnica. Hoy en día la profesión de técnico de radio tiende a ser asimilada por el periodista, que ahora empieza a elaborar todo el programa: tanto en contenido como en forma. No es que seamos tan ambiciosos, es que se nos exige así por intentar recortar aún más el personal. La cuestión es que, aunque el primer día nos dieron algunas pautas rápidas que no pudimos asimilar, las becarias tuvimos que aprender a manejar la mesa y el ordenador de edición y el minidisc de forma casi autodidacta y a base de preguntas.
No sólo técnicamente, en la clase de radio hemos practicado mucha redacción, pero no hemos realizado algo tan frecuente como es asistir a una rueda de prensa y extraer la declaración más significativa para introducir el corte de sonido en la pieza informativa. Tampoco hemos trabajado otros géneros que no sean el informativo puro.
Falta de personal. Ya me parecía excesivo que sólo dos personas se encargaran de un programa semanal como Protagonistas, pero luego decidieron que sólo lo realizara un presentador. Las becarias a veces no éramos ayudantes, sino casi sustitutas del personal que se encontraba de vacaciones. La falta de inversión y la despreocupación hacia el trabajo del personal por parte de los superiores, a mi juicio, provocaba bastante desmotivación. Y ésta da pie en muchos casos a exigirse un esfuerzo mínimo.
Escasez de medios. Para elaborar toda la programación local (no sólo me refiero a Protagonistas e Informativos, sino a Deportes y todos los demás), en la emisora de Jaén existían sólo dos grabadoras minidisc. Por esa razón, si había tres o más ruedas de prensa o sucesos simultáneos sólo se podrían sacar cortes de dos, así que a los demás no se asistía. Para solventar esto personalmente aporté una grabadora digital. Por otro lado, sólo existen dos estudios y dos líneas telefónicas en la emisora, así que sólo se pueden elaborar dos espacios simultáneamente, lo cual también crea problemas de desaprovechamiento de tiempo. Podría continuar, pero creo que ya se pueden hacer una idea.